Open innovation|17 August 2009 13:25

Abra su empresa, el mercado de la innovación no cierra

Articulo de Javier González Sabater

foto-javier-gonzalez-sabaterJavier González Sabater (Alicante, 1971) es fundador y director de González & Sabater | Transferencia de Tecnología Consultores, empresa dedicada a conectar Ciencia y Sociedad desde 2007 y especializada en promoción y marketing de la investigación.
Es ingeniero industrial, máster en administración de empresas y doctorando en economía aplicada.

Ha trabajado para diversas universidades y centros tecnológicos, y ha colaborado como consultor para la Fundación INVATE (Instituto Valenciano de Tecnología), las Cámaras de Comercio de la Comunidad Valenciana y en la evaluación de proyectos para la Administración.
Anteriormente ha sido técnico de transferencia de tecnología en la Universidad de Alicante y en la red europea IRC Network.

23-06-2009 - Hace unos meses, Zaryn Dentel, cofundador y consejero delegado de Tuenti, –la red social líder en España con más de 3 millones de usuarios– afirmaba en una entrevista para la revista Emprendedores que a pesar de tener solamente dos años de vida, ya necesitaban reinventarse empresarialmente porque Internet iba muy deprisa. Cualquier empresa puede tener una sensación parecida a esta cuando se encuentra por primera vez con una iniciativa destinada a unir ciencia y sociedad, como por ejemplo Innoget, empresa pionera en España en esta materia. Inmediatamente se aprecia su beneficio pero también aparece la incertidumbre de lo nuevo y surgen dudas acerca de si uno está realmente preparado para utilizarlo.

Si por suerte o por desgracia su empresa se mueve en un sector tan competitivo como el de los ingredientes funcionales, los materiales biotecnológicos o la visión tridimensional, a partir de ahora deberá aprender a vivir con esta sensación, pero también a utilizar el poder de las ideas para perdurar en su actividad (a menos que disponga de un monopolio autorizado legalmente o de familiares muy cercanos dirigiendo un banco).

Hoy todo cambia tan rápido que apenas lo apreciamos. El enfoque de trabajo imperante en las empresas guiadas por la innovación comienza a ser la búsqueda continuada de fuentes de conocimiento tanto dentro como fuera de la empresa, una actitud denominada como innovación abierta (open innovation). Amalio Rey, promotor de la empresa de consultoría Emotools, resumía en un reciente artículo las claves que impulsan la creciente adopción de esta filosofía entre las que predominan: la ingente distribución geográfica y multidisciplinar del conocimiento, los enormes retos de innovación que deben afrontarse en el mercado y la asombrosa facilidad de acceso a la información a través de Internet.

Una actitud abierta

Lo más importante en una estrategia de innovación abierta es la actitud de la empresa frente al origen de las ideas. Su procedencia simplemente no importa; tan decisivas son las que generan los propios empleados como aquellas que proceden de los que no están en nómina.

Por una parte, la figura del proveedor tecnológico o de innovación cobra más fuerza que nunca. Desde universidades, organismos de investigación o centros tecnológicos ligados en mayor o menor medida al ámbito público, hasta empresas 100% privadas, todos pueden suministrar el conocimiento necesario para crear innovaciones revolucionarias. La única condición es que sean expertos en el campo científico – técnico en cuestión, más allá de dónde se encuentren o del idioma que hablen. Por ejemplo, la multinacional dedicada al cuidado de mascotas Afinitty materializa fenomenalmente esta idea mediante su disposición a recibir propuestas de innovación en alimentación animal, nutrición o ingredientes funcionales a través del servicio IBox-in de Innoget.

A pesar de que muchas empresas, sobre todo las pequeñas, ya confiaban en colaboradores externos de investigación y desarrollo (I+D) al carecer de departamentos propios de innovación, el concepto de innovación abierta supone un cambio de mentalidad al asumir activamente la búsqueda de innovaciones y a tratar a sus generadores como socios más que como suministradores comunes.

Por otra parte, donde la innovación abierta propicia una mayor revolución es en el hecho de que la propia empresa también se convierte en un proveedor de conocimiento. La empresa pasa a explotar las innovaciones que produce y que no rentabiliza en los productos y servicios que ofrece al mercado. Patentes, saber-hacer o experiencia cobran valor, pasan a considerarse como fuentes de ingresos adicionales y entran en el circuito de los recursos de innovación para terceras empresas. Así lo entiende por ejemplo Bioingenium, una empresa española inmersa en el desarrollo de microorganismos para aplicaciones biomédicas que pone a disposición de otros innovadores su valor añadido en materia de proteínas, fermentación o bacterias utilizando el canal Innoget llamado IBox-out.

Los mercados de la innovación

Toda esta amalgama de ideas y proveedores tan dispares conforma un mercado de innovaciones similar al de cualquier otro activo como el financiero, inmobiliario o de personal cualificado. Quizás más invisible y desorganizado, pero sin lugar a dudas, un verdadero mercado de innovación donde los intermediarios juegan –y jugarán– un papel fundamental.

En el mercado de la innovación, los intermediarios identificarán proveedores y canalizarán su oferta hacia las empresas de forma organizada, creando relaciones estables, visibles y permanentes entre productores y consumidores de conocimiento, ciencia y tecnología. Piense que tan sólo en España existía en 2007 un mercado potencial de 200.000 proveedores de investigación (investigadores) y 3,5 millones de destinatarios (empresas), según el Instituto Nacional de Estadística, los cuales necesitan de “animación” externa para colaborar, ya que por sí solos lo hacen muy poco a tenor de los bajos niveles de inversión privada en I+D existentes. Los intermediarios de innovación serán como agentes de tráfico que pongan orden en una transitada avenida donde vehículos y peatones necesitan coordinar su paso en ausencia de semáforos u otras indicaciones.

En este sentido, Internet se ha convertido en el medio de contacto natural donde crear puntos de encuentro para innovar, como es el caso de Innoget. Se trata de portales que centran su atención en el cliente (concepto de web 2.0) permitiéndole ofertar, demandar y dialogar libremente con el resto de miembros en igualdad de condiciones. Plataformas online o innomediarios, intermediarios de innovación virtuales que ejercen de catalizador en la conexión entre ciencia y sociedad, acercan el talento a las empresas y eliminan las barreras geográficas y culturales. Que Aqsense, una empresa catalana especializada en tratamiento de imágenes en 3D, tenga la posibilidad de buscar ingenieros y científicos de todo el mundo para abordar una determinada cuestión técnica desde un único lugar (servicio challenge de Innoget), es algo inimaginable hace unos años.

La revolución es silenciosa

Ante este panorama de los mercados de innovación no queda otro remedio que establecer una alianza entre todos los agentes involucrados, tanto públicos como privados. Gobiernos regionales y nacionales, oficinas de transferencia de tecnología o consultoras tradicionales de innovación deben adaptarse al cambio y crear sinergias con los intermediarios virtuales para lograr cotas únicas de colaboración con las empresas nunca vistas hasta ahora.

Si bien existirán ocasiones donde el conocimiento se acerque a las empresas a través de contactos puntuales o acciones de marketing tradicional –algo casi artesanal–, la utilización de las plataformas de innovación tendrá un impacto masivo en el futuro. El tándem innovación abierta – plataforma web es algo imparable, una revolución silenciosa, un antes y un después; en definitiva, una verdadera innovación disruptiva. Simplemente hay que mirar fuera de España para ver una realidad marcada por la generación de innomediarios, los movimientos de las consultoras de transferencia de tecnología, las estrategias de determinadas universidades o el despertar de los grandes jugadores de la consultoría en este terreno.

Durante los próximos años celebraremos la “independencia” de los investigadores de sus centros de conocimiento para conversar directamente –y con enorme precisión– con aquellas empresas que realmente son potenciales receptores de su trabajo, sobrepasando con creces sus actuales mecanismos de difusión. Al fin y al cabo, en cualquier mercado lo fundamental es conversar. Proveedores y receptores de innovación tendrán un abundante abanico de caminos para conversar entre sí, la mayoría de ellos basados en Internet,  y aquellos que proporcionen el mejor valor añadido serán los que destacarán. Si piensa que Internet avanza muy deprisa, abra su empresa y vaya al mercado de la innovación, que nunca cierra para usted.

http://www.gonzalezsabater.com/empresa.html

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